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25 jun 2010

La noche de San Juan... Una noche mágica. Una noche para soñar. Una noche para creer que puedes alcanzar todo lo que quieras. Una noche para amar.

Mel y Damien pasean por la playa, abrazados, muy cerquita el uno del otro. El oleaje de la orilla rompe contra sus piernas. Agua fresquita en una calurosa noche de principios de verano. Y es que esta será la primera noche de otras muchas, cada una especial a su manera.
Fuegos artificiales a lo lejos, juran no poder ser más felices. Saltan una hoguera y piden un deseo. Mel frunce el ceño concentrandose en su deseo, que ojalá se haga realidad. Corren y se tiran en la arena. 
La luna y las estrellas observan sus actos desde el cielo: Se revuelcan en la arena, se comen a besos, las manos de Damien juegan con el cuerpo de la pequeña Mel y ella no hace más que reir y reir. Se quedan quietos, abrazados y cierran los ojos. Escuchan el sonido del mar recorriéndoles las entrañas. Abren los ojos y observan el cielo. La luna los ilumina y ellos se miran. Sonríen. Se besan. Se dicen te quieros al oído.


Y desean que ese cuento no acabe jamás.

7 mar 2010

- Desde luego, no hay un día que no viva aventuras contigo.

Llueve. Llueve como si el mundo se fuera a acabar. Los truenos retumban en cada centímetro de la casa, en cada milímetro de su piel. Mel escucha el expectáculo en silencio. Mira al techo y Damien la mira a ella. Se abrazan.  

Las tormentas son bonitas si tienes a alguien con quien escucharlas.

Restos de esa noche clandestina, restos de una mentira piadosa más a sus papás. Los jóvenes están incomunicados en la costa. El río se ha desbordado y no hay forma de acceder al centro de la ciudad. 
No tienen palabras. Alucinante. El agua corriendo por todos sitios a su antojo, casas inundadas, rotondas y carreteras absorbidas por la profundidad del agua. Cosas que solo se ven en los telediarios. Allí, ante sus narices. Viendo el otro lado, pero sin poder llegar a él.
Mel se muere de frío, no va preparada para tal aguacero. Damien la acoge entre sus brazos y la arrastra de nuevo hasta su pequeño "hogar", no tan clandestinamente ya. Abrazados por debajo de una manta, duermen agotados. Pero el rescate llega y ellos, en el fondo, deseaban que no hubiera sido así.




[Lo juro, jamás habría imaginado que mi pueblucho -Chiclana- saldría tanto en las noticias. Perdi la cuenta ya. Igual que perdí la cuenta de cuantos aguaceros ha absorbido mi piel este invierno.]

28 feb 2010

-  Mel...
Damien se acerco a ella, buscando su cuerpo entre las mantas. Mel suspiró.
- Tengo sueño...
- Jo... Mañana no podré estar aquí.
- Sí que estarás.
- Jo, venga...
- A veces parece que solo me quieres para eso - le cortó Mel. En parte bromeaba, por otra parte, su inseguridad había salido a flote.
- Vale, a dormir.
- Damien... no te enfades.
- A-Dormir.

8 horas después.

Damien se vuelve a acercar a Mel dubitativo y la abraza.
- Me has dejado espachurrado en la pared.
- Es que te llevabas la manta. Yo no he dormido.
- ¿Por qué?
Mel bajó la cabeza culpable.
- Porque te has enfadado conmigo.
Damien la miró con ternura.
- Es que me molesta que pensaras eso de mi. Me duele que pienses que vengo hasta aqui y hago tantas cosas solo para eso... Joder, Mel, no es que yo solo quiera follar contigo todo el tiempo, ¡lo que pasa es que te quiero tanto que no puedo soportar la tentación!
Mel sonrió alividada. Necesitaba una respuesta así.
- Lo siento - dijo mientras le acariciaba el pelo.
- Joder, si es que sabes que me pasa hasta cuando voy por la calle... que es que tu... - bufó - me sacas de mis casillas, eres superior a mis fuerzas. No puedo contra el deseo de hacerlo contigo.
- Te quiero.
- Te quiero.
Mel buscó sus labios. No soportaba que Damien se enfadara con ella. Pero por lo menos había averiguado un poquito más sobre lo que sentía. Es que hay veces que parece que hay que sacárselo con cuentagotas. Y Mel, que es muy insegura,  necesita que le digan esas cosas. ¿Luego? Ella tampoco pudo resistir la tentación. Cuando quiso darse cuenta, yacía exhausta en el colchón y Damien la abrazaba, derrotado, a sus pies.

2 feb 2010

Se escucha al mar rugir bajo la luna de aquella estrellada noche de invierno. Pero ellos no se dan cuenta, se comen a besos el uno al otro. Él la sujeta y la aprisiona contra la muralla de piedra. Ella sonrie juguetona y saca algo del bolsillo de su chaqueta. Damien se vuelve loco y recorre con sus manos cada centímetro de su pequeño cuerpo. Tira de ella y se acuesta sobre la arena. Comienza el juego. El mar calla y la luna alumbra más que nunca. Se miran a los ojos. A Mel le vuelve loca la cara que pone Damien cuando lo hacen. El gesto que hace. Parece un niño travieso, con esa sonrisita de lado, sus pecas de chocolate, el pelo alborotado y esos ojos... Siempre le tiemblan las piernas cada vez que él la mira.

9 ene 2010

Hoy la habitación de Damien se había convertido en el refugio del frío de dos enamorados. Mel reía a carcajada limpia, Damien la estaba matando a cosquillas. Aprovechando que estaba distraída, el muchacho metió la mano por el pantalón de Mel.
- Cómo no, lacitos - se quejó, mientras jugueteaba con las braguitas de Mel.
- Estás obsesionado con los lazos de mis bragas... Pero seguro que te ponen.
- Bueno si me ponen... - el chico sonrió. Toda ella le volvía loco.
Damien se levantó y empujó a Mel hacia la pared. Mel sonreía, él decía que le daba morbo. La aprisionó, se dejó de pamplinas y empezó a jugar con toda ella. Mel se estremecía con cada caricia, cada suspiro, cada beso.  Se comieron el uno al otro hasta llegar al borde del empache. Respiraciones alteradas, corazones desenfrenados, sonrisas picaronas. Dos cuerpos hechos uno en cuestión de segundos.

Con todo, el frío se había esfumado.

12 dic 2009

La avenida se encontraba inundada por el sonido de vehículos que circulaban hacia su destino. Mel caminaba inconsciente a todo aquello, enfrasacada en su música. Al tiempo que cruzaba un paso de peatones, alguien la sorprendió por detrás. Apenas conocía a nadie alli. Asustada, dio un brinco y se giró, para ver quién se encontraba reteniéndola.
- Joder, qué susto me has dado -suspiró aliviada.
- Te has sorprendido, ¿eh? -Damien rió y la estrechó entre sus brazos.
- Hombre, pues sí. Con todo lo que se ve por...
- Calla -La cortó. Damien se acercó a sus labios y le regaló uno de esos besos de caramelo que tanto le gustan a Mel. Y menos mal, porque llevaba varios días con el mono, que no le dejaba hacer otra cosa que pensar en él.
Mientras, el mp3 seguía sonando.  

Somos cada semáforo en rojo con beso incluído... ♫